Símbolos e imágenes de la migración
Canto:
“Como realización de la armonía de los elementos sucesivos y melódicos, es una imagen de la conexión natural de todas las cosas… Por ello, según Platón, no puede modificarse el sentido de la música de un pueblo sin que se transformen las costumbres” (Cirlot, 1992, p. 319). En la obra, el canto permite al protagonista conectar con la “locura idealista” paterna, con sus progenitores y con su infancia; es decir, con sus raíces italianas y su acervo cultural. Funciona como mediación identitaria entre sus dos tierras de origen.
Luz:
Representación “del espíritu, manifestación de la moralidad, fuerza creadora, energía cósmica” (Cirlot, 1992, p. 286). En el texto simboliza la juventud utópica del padre y su idea estructurante: la revolución como principio moral y guía espiritual que trasciende fronteras.
Oscuridad:
“El Loco” se sitúa al margen de todo orden; encarna lo irracional, el instinto activo y la impulsividad (Cirlot, 1992, pp. 280–281). En la narración, este rol lo ocupa el padre: comunista “rojo” que busca transformar un orden explotador, es perseguido y marginado, y encarna una “locura utópica” opuesta al pensamiento del hijo. Como el arquetipo, deviene “víctima de sustitución” al morir sin lograr reivindicación política.
Sombra(s):
“Alter ego” o “doble” negativo del cuerpo (Cirlot, 1992, p. 419). Con el tiempo, varios personajes —especialmente los padres— se reducen a versiones disminuidas de sí mismos, incapaces de realizar sus deseos políticos.
Aves:
Simbolizan “las almas humanas… el pensamiento y la espiritualidad” (Cirlot, 1992, p. 91). Representan el alma errante de la familia y el pensamiento utópico del padre.
Hojas:
“Alegoría de la felicidad… en grupo representa personas” (Cirlot, 1992, p. 242). Las hojas otoñales que caen evocan la disgregación del padre respecto de su comunidad y su imposibilidad de alcanzar felicidad a ambos lados del Atlántico.


